En 2021, el entonces Premier exigió “recuperar” el gas de Camisea bajo amenaza de nacionalización. Fue tildado de radical y populista. Hoy, en marzo de 2026, con el país a oscuras, el transporte paralizado por la rotura de un ducto y el sur mendigando balones de gas, surge la pregunta prohibida: ¿Se pudo evitar esta crisis si se hubiera “pateado el tablero” hace cinco años?
La historia suele dar respuestas que la política inmediata no puede ver. En setiembre de 2021, un tuit de Guido Bellido Ugarte exigiendo la renegociación del reparto de utilidades de Camisea y lanzando la sombra de la nacionalización provocó un terremoto: el dólar voló a S/ 4.12 y el establishment limeño lo condenó al ostracismo político.
Sin embargo, hoy, 4 de marzo de 2026, con el sistema energético nacional declarado en Estado de Emergencia tras la deflagración en Megantoni (Cusco), la realidad nos golpea en la cara: el Perú, dueño de una de las reservas de gas más grandes de Latinoamérica, es un gigante con pies de barro que depende de un solo tubo para no apagarse.
El fondo vs. la forma: ¿Qué pedía Bellido realmente?
El reclamo de Bellido no era solo ideológico; tenía una base de agravio regional. Su postura exigía tres puntos que hoy cobran una relevancia dolorosa:
- Soberanía sobre el recurso: Que el Estado tuviera mayor control sobre el destino del gas (priorizar el mercado interno sobre la exportación).
- Masificación real en el sur: Que el gas llegara a Puno, Cusco y Ayacucho a precios de “boca de pozo”.
- Seguridad Energética: Romper el monopolio del transporte que hoy nos tiene desabastecidos.
¿Se pudo evitar la crisis actual? Analistas técnicos coinciden en que la crisis de 2026 (la rotura del ducto en Megantoni) no se evita “nacionalizando” el yacimiento, sino construyendo el Gasoducto Sur Peruano. El error de Bellido —y del gobierno de Castillo— fue usar la amenaza de expropiación como arma política en lugar de sentar al consorcio para exigir, bajo reglas claras, la inversión en la redundancia del ducto que hoy nos falta.
Las cifras del fracaso energético
Mientras en 2021 se discutía si el Estado debía recibir más que el 60% de utilidades que ya dejaba Camisea, se descuidó la infraestructura. Hoy, el costo de esa desatención es astronómico:
- Pérdidas diarias: La industria paralizada y el transporte desabastecido le cuestan al Perú más de 80 millones de dólares diarios durante esta emergencia de marzo de 2026.
- El castigo al sur: En Puno y Juliaca, el balón de GLP ha vuelto a rozar los 70 soles en el mercado negro debido a la restricción en la planta de Malvinas, mientras que el gas natural domiciliario sigue siendo un sueño lejano para el 90% de la población altiplánica.
📝 Breve Editorial: Macrosur opina
Es fácil tildar de loco a quien avisa que el techo se va a caer hasta que el techo, efectivamente, se desploma. Guido Bellido tenía razón en el diagnóstico: el modelo de Camisea es injusto para el sur y extremadamente vulnerable. Hoy, el Perú no sufre porque el gas sea de “Pluspetrol” o del “Estado”; sufre porque la política nacional prefirió el show de Twitter antes que poner un solo tubo en el Altiplano. La soberanía no se grita, se construye.
📊 El Dato
El precio de la electricidad en el mercado mayorista del Perú ha pasado de $30 a $200 dólares por MWh tras la rotura del ducto de Camisea. Esto significa que el Estado peruano está quemando 70,000 barriles de diésel diarios (caro y contaminante) para que Lima no se quede a oscuras, dinero que sale de los impuestos de todos los peruanos.


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